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30 dic 2013

La macroeconomía en la universidad










Muchas veces la economía es estudiada desde otras ciencias que contribuyen a comprender su complejidad. Casi todos los profesionales en ciencias económicas contemporáneos pasaron alguna vez por la universidad. Es allí donde comienzan a formarse los criterios profesionales y se consiguen algunas de las herramientas para el desarrollo profesional y académico.

Es por eso que me gustaría escribir sobre el capítulo IX: “la macroeconomía” del reciente libro “La tarea en la universidad” (Eudeba, 2013) de la especialista en educación Diana Mazza.

Lo primero que llama la atención es que, contrariamente a lo que los estudiantes de ciencias económicas estamos acostumbrados, la tarea en la universidad puede ser desarrollada de distintas maneras. Así, los otros estudios de caso sobre la expresión escrita, la endodoncia (tratamientos de conducto) y el diseño nos permiten vislumbrar que las estratégicas para la enseñanza en la universidad están lejos de ser únicas.

La autora estudia una clase de macro (para no economistas) del posgrado en administración pública de la U.B.A. Voy a comparar lo que dice con mi experiencia en el grado.

En principio describe al curso como estructurado en 10 clases semanales y dado por un prestigioso profesor. Esto contrasta con los cursos de grado de 15 semanas y asistencia de dos o tres veces por semana. En general el profesor titular asiste 25-50% de las clases regulares.

Analicemos esto un poco. Según mi perspectiva e independientemente de la retribución monetaria que reciben los docentes, el incentivo de los profesores de grado está en el prestigio personal. Por otro lado, el incentivo de los profesores de posgrado es el sumar prestigio para el programa en que se desempeñan. Más prestigio iguala mayor selección de ingresantes y/o mayores ingresos, que se transforman, a su vez, en mayor prestigio personal. Contrariamente, el prestigio de la U.B.A. en el grado es tomado como un hecho.

El posgrado no tiene aulas específicas pero sí se encuentra en el sector de posgrado (N. de A.: tercer piso al lado de la biblioteca). Las aulas están cuidadas y cuentan con un cañón. En grado las aulas son limpias y ordenadas, en general. Sin embargo presentan un grado de dejadez similar a los de los despachos públicos (alfombras gastadas y rotas, pizarrones en mal estado, asientos desparejos, pintura de mala calidad, entre otros).

El profesor, P en el libro, es reconocido en su ámbito. Piensa a la economía como una ciencia social (pensamiento compartido con todos los profesores que tuve en el grado) y le da una concepción práctica (en grado hay cursos más prácticos como finanzas públicas y otros más teóricos como microeconomía). P confecciona un manual propio (casi no visto en el grado donde la bibliografía es importante).

El estudio analiza la característica de la clase: es una exposición dialogada casi sin interacción entre profesores y alumnos. Es un programa con una exposición lineal, no modificado por el auditorio. Hay escaso desarrollo de la grupalidad. Los protagonistas son el profesor y el texto; los alumnos son intercambiables.

Creo que la mayoría de las materias en el grado presentan estas características, sobre todo en las del departamento de economía. La grupalidad se da por fuera del aula. Ante preguntas de los profesores, no hay quien responda. Es incomodo, por momentos, estar en una clase en la facultad.

¿Qué diferencia habría entre ir a la clase y mirarla a través de una cámara? Esto no queda claro en la mayoría de los cursos (tal vez sí, en las clases anteriores a un parcial). Es esperable que si no se modifica la manera de dar la clase y teniendo en cuenta la tecnología actual, se puedan optimizar muchísimo los recursos (disminución de la dedicación de profesores y aumento de la cantidad de alumnos por profesor). Personalmente, me gustaría que los profesores notaran esto e hicieran participar más a los estudiantes en sus clases. Para ello, no basta con hacer preguntas: como se observa en otros estudios del mismo libro, se deben contar con otros recursos pedagógicos.

El curso se evalúa por medio de un trabajo monográfico, lo que no es la manera más usual en el grado (parcial escrito).

La autora señala que los alumnos ven al curso como difícil y lejano y que hay una cierta tensión entre la teoría abstracta y la política. Esto se puede deber a que los alumnos están en una etapa muy inicial de sus estudios de economía. En los cursos más avanzados está tensión tiende a desaparecer (aunque depende de la escuela de pensamiento a la que esté adherida la cátedra).

En resumen, la clase estudiada por la especialista en educación, presenta muchas similitudes con la tarea de grado aunque hay diferencias no menores. Lo más preocupante parecería ser el hecho que el curso no dependa de los oyentes (como en una obra de teatro) y que no logre moldearse a los requisitos de la enseñanza en el siglo XXI. Si así siguiera, está destinado a convertirse en un vídeo de youtube.



Foto: http://www.freedigitalphotos.net/ KROMKRATHOG

26 dic 2013

Macroeconomía en recuperación: la Argentina post-crisis





En el segundo capítulo del libro “Crisis, Recuperación y Nuevos Dilemas” tres prestigiosos economistas, Cetrángolo, Heymann y Ramos, abordan el aspecto macro de la recuperación 2002-2007. El lenguaje en el que escriben es bastante técnico.


El capítulo comienza recordando que en Argentina no existe una noción de ciclo alrededor de una tendencia. La primera afirmación que llama la atención es que el PBI per cápita de 2007 es un 11% superior al de 1998. Ciertamente es importante, pero un crecimiento de apenas 1,2% anual (Según Ariel Corenberg en Measuring Argentina's GDP Growth, en el período 2007-2012 el crecimiento anual fue de 1,5%. 2012 tuvo un producto por habitante 15,6% mayor a 1998). La caída entre 1998, el punto superior del anterior ciclo, y el pozo de la crisis fue comparable a 1929, aunque no el peor de la historia  que se dio a finales del siglo XIX.

Les propongo un resumen de las características del período de recuperación: 

Tipo de cambio alto

Mayor peso del comercio exterior: Debido al aumento de precios y cantidades las exportaciones crecieron fuertemente (y más que las importaciones). El período se caracterizó por un gran superávit comercial. Los rubros que más contribuyeron a esta explosión de las expo fueron: mineral de cobre; aceites y subproductos; automotores; productos químicos y plásticos. También aumentaron fuertemente las expo de azúcar, hortalizas y frutas y bebidas.

El ahorro se mantuvo alto debido a la actitud precautoria de los agentes. A su vez, el coeficiente de inversión (tanto en construcción como en equipo durable) fue elevado, principalmente debido a la inversión del sector privado.

A nivel firma, la reestructuración de pasivos y el aumento de márgenes empresariales permitieron un mayor autofinanciamiento.

Superávit fiscal, especialmente del Estado Nacional. Por un lado disminuyeron los pagos al personal. Por el otro aumentaron los ingresos fiscales, entre otros, por los derechos sobre las exportaciones de productos primarios, confirmando la teoría de que estos son procíclicos. También aumentó el gasto asistencial que permitió una mejora de los indicadores sociales, aunque se siguieron ubicando en niveles relativamente elevados.

Utilización de recursos ociosos: tanto los recursos de capital como los humanos.

El peso siguió actuando como medio de pago y denominador de precios. No se ajustaron los salarios por la devaluación de la moneda extranjera.

Es interesante notar que según los autores el período se caracterizó por el optimismo. Advierten que en el pasado episodios de gran optimismo produjeron expectativas que forzaron ajustes y, finalmente, rotura masiva de promesas.


En mi opinión el análisis macro permite hacerse una noción de lo que fue la recuperación en Argentina entre 2002 y 2007. También es importante destacar que siempre se deben comparar los puntos altos del ciclo para tener una mejor perspectiva. Así, el PBI de 2007 no parece ser extremadamente más alto que el de 1998. A modo de ejemplo, el PBI per cápita chino creció aproximadamente 9% al año en el mismo período (desde un punto más bajo) mientras que el argentino lo hizo tan sólo 1%.

También es importante señalar que había tensiones que se vislumbraban en aquel momento y que finalmente se resolvieron de una manera que modificaron las características del período. En especial el tipo de cambio alto y el superávit fiscal así como la ociosidad de la capacidad instalada fueron paulatinamente decreciendo con el tiempo. A su vez, se continuaron con políticas pro-cíclicas y de aliento al consumo en un contexto macroeconómico diferente. Al parecer, aplicar los mismos remedios ante diagnósticos y anacrónicos fue y es una característica de la macro argentina. 

Foto: Por dan http://www.freedigitalphotos.net/


29 nov 2013

La economía argentina 2002-2007




Lo que sigue es un análisis del libro Crisis, recuperación y nuevos dilemas. La economía argentina 2002-2007, capítulo 1 (homónimo) de Guillermo Anlló, Bernardo Kosacoff y Adrián Ramos. CEPAL 2007.

Con un lenguaje bastante técnico y oraciones largas, tres economistas hacen una intro a un libro que analiza la economía argentina desde la salida de la crisis hasta la intervención del INDEC. El mismo tiene tres partes macro, micro y análisis social.

El PBI argentino creció 8,2% anual entre 2002 y 2007. Sin embargo, sólo ascendió 10% por habitante entre 1998 y 2007, apenas 1% anual. La economía pasó a depender mucho más del mundo: El indicador “(Importaciones + Exportaciones) / Consumo Privado” se ubicó en 40%, más del doble que en la década del 1990.

Sorprendentemente, entre 1975 y 2007 el PBI argentino creció 0,6% anual con 19 años de subida y 14 de bajada.

En ese lustro Brasil pasó a tener un rol mucho mayor en la economía argentina, especialmente con la adquisición de empresas emblemáticas en frigoríficos, cerveza, cemento, petróleo y acero.

La crisis de 2001 se caracterizó por una no huída del peso como moneda de cambio, una fuerte devaluación que hizo abaratar las expo (apropiadas en parte por del estado con los derechos de exportación) y un gasto público dormido.

De hecho, las exportaciones eran aproximadamente USD 12 MM en 1994, USD 25 MM en  1996 y USD 50 MM en 2006. La participación de Argentina en el comercio mundial fue contante: 0,45%.

El 85% de las expo eran bienes primarios, combustibles y manufacturas de bajo contenido tecnológico. Del 15% restante los sectores más importantes eran el químico y el automotriz.

Las importaciones siguieron con la misma estructura. No hubo avances en la sustitución de importaciones de bienes de capital. La rápida obsolescencia de los bienes de consumo y la preferencia por la liquidez hacían preferible la importación a la producción local.

Debido a la cantidad de recursos de capital ociosos y al aumento de la demanda interna, la desocupación bajó fuertemente. La informalidad del empleo se ubicó en niveles altos. Los aumentos de suma fija y el alza del salario mínimo disminuyeron la disparidad de ingresos.

En cuanto a la inversión se caracterizó por proyectos a corto plazo. La cantidad de equipo durable era similar al de la década de 1990 y la situación energética era débil. Sólo a partir de 2004 la inversión se destinó a ampliaciones.

La recaudación fiscal mejoró debido a los mencionados derechos de exportación y a los tributos sobre una actividad que crecía. Además del congelamiento nominal del gasto público, la reestructuración de la deuda significó una baja sobre la presión financiera del sector público.

La devaluación hizo aumentar la deuda empresarial (que estaba denominada en dólares). Hubo un reordenamiento de los compromisos entre empresas.
La inversión extranjera directa se caracterizó por aportes de capital que sirvieron para cancelar deuda. (Nota de autor: Podemos pensar que los ratios de endeudamiento estaban muy altos y que se sustituyó deuda por capital). De hecho para 2004 los ratios de endeudamiento se ubicaron en valores similares a los de antes de la crisis.
 
El sector agropecuario presentó una gran cantidad de innovación en los últimos 15 años. Los precios internacionales favorables y la caída de los costos de producción favorecieron al sector. 
 

Hasta los 1930s se producían aproximadamente 20 M ton. anuales de granos. En los 1980s se llegó al doble. Esto sucedió gracias a la plena incorporación de la revolución verde que había comenzado en los 1960s. La revolución verde supuso la mecanización del campo y el desarrollo de variedades de cultivo híbridas.

En los tempranos 2000s se llegó a una cosecha de 90 M ton. Las causas de este aumento notable de la producción fueron múltiples: Cambio tecnológico, introducción de organismos genéticamente modificados, fertilizantes y herbicidas; incorporación de la siembra directa y mejoramiento del acopio; una demanda internacional fuerte; un nuevo mercado financiero aplicado al agro; nuevos actores: multinacionales dedicadas a la bioquímica, semilleros y contratistas.

En los sectores transables (N de A: aquellos que tienen un mercado internacional) los costos operativos se mantuvieron constantes mientras aumentaban los precios de los de los bienes vendidos. Las condiciones previas (baja inversión, debilidad de la industria y reducción de planteles de alta calificación) supusieron producción de bienes con menor tecnología y valor agregado.

La recuperación de la industria se dio fundamentalmente a través de la reducción de los costos salariales y la licuación de pasivos que mejoraron los márgenes. 
La innovación se caracterizó por un bajo gasto, una concentración en la adquisición de maquinaria y equipo, un porcentaje de empresas con programas de I+D relativamente alto y una baja integración.

Uno de los párrafos más notables del documento habla que en todos los períodos se culpa al precedente por los males sufridos. En los 1970s los culpables eran la crisis internacional y los conflictos político-institucionales; en los 1980s era el proceso; a fines de los 1980s era la hiperinflación; en los 1990s eran los límites impuestos por la convertibilidad y en los 2000s la crisis. (N de A: en 2013 se culpa otra vez a la crisis internacional, sin dejar de culpar a la convertibilidad).

Foto: domdeem Freedigitalphoto
 






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